viernes, 21 de noviembre de 2008
 
Mi angelito
(Continuación...) LA CUADRILLA DE LOS BUITRES NEGROS  
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Por Javier Varela (Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio )

     ¿Habrán dejado salir al resto de la cuadrilla? Espero que no. No por envidia, pero no quiero ser el único al que han encerrado en casa sin salir. Me ha dicho mi tía Celia, la mujer de mi tío Antonio, que no es un castigo, que es sólo por respeto, pero no entiendo esto muy bien.

     Adjetivos posesivos...

“Meus, mea, meum, acusativo, meum, meam, meum... MEUS...”

     Quisiera estar en el río, jugando con la cuadrilla. Buscando nidos de martines pescadores, me gusta ver lo rápido que mueven las alas quietos sobre el agua, que parece que andan en vez de volar. O caballitos del diablo, que son libélulas de colores que vuelan entre los juncos. A mí una de las mejores cosas que se me dan es hacer saltar ranas, que con un canto plano me saltan hasta siete u ocho. Es que a mí me enseñó mi tío abuelo Salvador que es hermano de mi abuelo y un hacha en esto de apedrear la superficie del agua, un día que fuimos a comer al camping que está al lado del puente romano. Aprendí a saltarlas en una mañana y por la tarde ya estaba dando clase a la cuadrilla. Que lo que uno aprende un día, si interesa de verdad de verdad, tiene que enseñárselo al resto. Para eso somos una cuadrilla, entre otras cosas.

     Me gustaría internarme por unos montes que se encuentran un poco más allá del Cerro Alto. Yo no conozco la zona, no te creas, pero me supongo por lo que he oído que es un lugar lleno de bosques con un montón de sitios para esconderse y hacer refugios. Si tuviéramos una banda rival, creo que sería un campo de batalla magnífico para una guerra de piñas,¡ pero como somos nosotros solos!

     Segunda declinación,

“amicus, amice, amicum, amici, Amico, amico... AMICUS...”

   ¿Dónde habré dejado mi bicicleta? Hay cosas de ayer que no recuerdo muy bien y nunca me había pasado esto. Su bici quedó hecha cisco. Hasta la bocina nueva que le había traído su tío de Oviedo. Y menuda bocina era, toda dorada y con una vuelta. Ayer íbamos todos. Juanito, Vicente, Manolito el Lechuza, Moncho con su perrita perdiguera, él y yo. Queríamos bajar de expedición a la Laguna porque alguien le había dicho al padre de Moncho que estaban llegando patos y gansos como nunca, y nosotros debíamos confirmar un rumor como ése. Él iba delante por ser el capitán con su cromada BH de montaña, luego yo como teniente y detrás el resto de la tropa armados hasta los dientes con tiragomas y cerbatanas de caña – sólo por si las moscas -, con “Lassie”, la perrita de Moncho, de exploradora, y hasta una honda de Juanito – que como aún no sabe lanzarla muy bien, pues no nos ha enseñado al resto.

     Fue al doblar la curva de la caseta del guardabosques. ¡El muy bestia rompió la luna con la cabeza! Si no se hubiera puesto de pie en el sillín para hacer malabarismos, hubiera podido esquivar la camioneta de los jornaleros. Luego se cayó por el barranco. Y luego...

     Cosas del destino de cada cual, dice mi abuela. Y no he tenido tiempo de devolverle la petaca de cuero viejo que me prestó a principios del verano.

     Primera declinación,

  “anima, anima, animam, animae,
Animae, anima... ANIMAE... alma...”
Ya está..., Tu eris semper meus amicus animae,
Tú... serás... siempre... mi... amigo... del alma.
     Amigo diario, me gustaría ir al bosque a jugar con Tito.
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