martes, 07 de octubre de 2008
 
Mi angelito
BASURA
 
pág. 1 de 4
Por Javier Varela (Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio )
  —¡Eres inútil, Vicente, de nuevo te has olvidado de bajar la basura y el camión ya ha pasado! —le había espetado Berta a bocajarro, entrando manos en jarra en el salón.

    Y él, tirado como estaba en su sillón de eskay frente a la tele, contagiado de arrojo por el galán de la pantalla —que intentaba alcanzar a galope tendido un tren en el que viajaba secuestrada su amada—, sin responder palabra, se levantó de un brinco, atravesó el pasillo en dos zancadas, cogió del suelo de la cocina una bolsa en volandas, le ató un nudo mientras bajaba de tres en tres las escaleras y se plantó en la calle.

   Calculó que haría unos diez minutos que el camión había pasado. Conocía bien el recorrido del vehículo municipal de su época de bebedor nocturno: a aquellas horas estaría, seguro, al principio de la calle Inés de Castro, así que tendría que correr un buen rato si quería conseguir alcanzarlo.

   Al ir a doblar la esquina, le pareció oír que Berta le llamaba desde la ventana, pero ya estaba demasiado lejos para entender sus palabras. Seguramente quería desalentarle, no le creía capaz de tal hazaña, o quizá había salido poco abrigado, o ... En efecto, la noche estaba bien fría y, por un momento, Vicente estuvo a punto de regresar. Además, se comparó con el héroe de la película, y ciertamente, era bastante distinto perseguir a un camión de la basura y a pie, que a un tren con una amada y a caballo. Sin embargo, a pesar de las dudas, había continuado, porque ya estaba en Pla y Cancela y a punto de alcanzar la Ronda de Nelle.

   La calle estaba vacía, y sus pasos apresurados resonaban en el asfalto. Un perro, excitado quizá por el olor de las sobras, comenzó a perseguirle, ladrando furioso, justo cuando Vicente, al final ya casi de la calle Inés de Castro, había visto desaparecer el camión, que doblaba la esquina de Ronda de Nelle con Río Eume. El animal acabó por hincarle los dientes en un tobillo y en el momento en que, retorcido de dolor, Vicente se había parado, el can aprovechó para hacer un agujero en la bolsa de plástico. Algo se había caído y, complacido, el perro se retiró a comerlo.


| 1 |
 

 Contacto: Avenida Miguel Hernández nº 24 - O Carballo (Oleiros) - A Coruña (España) Tlf: 981 610 050
manolocampos@hcrey.org
  Resolución mínima recomendada 800x600
©1999 - 2008 Hijas de Cristo Rey. Todos los derechos reservados.