martes, 02 de diciembre de 2008
 
Mi angelito
(Continuación...) BASURA  
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Por Javier Varela (Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio )

  Cojeando y sudoroso, Vicente había continuado: ahora que había visto el camión no podía abandonar su empeño. Sabía que la recogida de basuras proseguía, al terminar la calle Río Eume, por Ramón Cabanillas y Estrada Catoira hasta Menéndez Pidal, así que su estrategia estaba en atajar subiendo por el Parque de San Pedro.

   Entre los árboles, una pareja de enamorados suspendió por unos momentos su pasión para asistir al paso de aquel cojo extraño que, a media noche, corría con gran afán y respirar bronquítico por los jardines, llevando a rastras una bolsa de plástico con un agujero, por el que de vez en cuando caían cosas variopintas.

   Al llegar a la Plaza de Cuatro Caminos, Vicente sentía que sus jadeos entrecortados se le multiplicaban y le crecían en la cabeza hasta llenársela entera con su respiración.

   Allí, en medio, estaba la gran fuente, Sin pensarlo dos veces y para no perder la línea recta, Vicente se dispuso a atravesarla a nado y lo hizo, como quien atraviesa el Mississippi, salvando la bolsa con un brazo en alto.

Y ahí fue cuando empezó uno de sus problemas más graves, porque Vicente no recordó que el Gobierno Militar se encontraba enfrente de la fuente hasta que no estaba saliendo de ella y escuchó las voces de alto de los soldados de guardia.

   Empapado, con la garganta rota y ensangrentado el tobillo, continuó su camino —mientras oía tras de sí varios disparos—, camuflándose por detrás de los Juzgados de Primera Instancia.

   Con la Policía Militar pisándole los talones, llegó Vicente a la calle Menéndez Pidal, a través de Coronel Artime. Miró a ambos lados, y, a la izquierda, ya casi en la esquina con la Plaza de la Paz, vio por fin el camión.


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