viernes, 21 de noviembre de 2008
 
Mi angelito
(Continuación...) BASURA  
pág.4 de 4
Por Javier Varela (Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio )

   Pateó desesperadamente entre una masa confusa y viscosa, hecha de verduras maceradas, entrañas, gusanos, moscas y cartones mojados, y pensó que se ahogaba. Cuando logró ponerse en pie, apoyándose en algo duro —probablemente una caja o un tablón—, sintió la vibración del camión, que ya se había puesto en marcha. El hedor era insoportable, enervante. Para poder respirar, se acercó estirándose a una ranura del contenedor, desde la que pudo ver la ciudad alejándose. Así, agarrado a un hierro y más o menos de pie, consiguió mantenerse hasta que el vehículo llegó al Vertedero.

   Entonces, hubo de concentrarse para saltar sólo unos segundos después de que hubiera sido accionado el mecanismo de descarga, evitando con ello ser sepultado por aquella vomitona caliente y agria, hecha de todo lo que la ciudad descartaba de sí. Los basureros municipales se quedaron estupefactos: ¿Quién era aquel ser rezumante y oscuro que salía del camión corriendo y cojeante, sin decir absolutamente nada?

   Caminó hasta el amanecer, dejando tras de sí en la carretera un rastro de bilis, jugo de cebolla y grasa. Ya en Coruña, desanduvo lo andado, evitando la Plaza de Cuatro Caminos.

   Lo que más le aterraba era tener que despertar a su mujer, al haber perdido las llaves. Aunque, quizá, ella se impresionara con la historia y le curase las heridas, como hacen en las películas las heroínas con sus amantes.

   Llamó al timbre despacio, y poco después, el rostro ceñudo de Berta apareció tras la puerta:

  —¡Eres inútil, Vicente! ¡Te has llevado la bolsa con la compra! ¡La de la basura es ésta!

| 4 |
 


 Contacto: Avenida Miguel Hernández nº 24 - O Carballo (Oleiros) - A Coruña (España) Tlf: 981 610 050
manolocampos@hcrey.org
  Resolución mínima recomendada 800x600
©1999 - 2008 Hijas de Cristo Rey. Todos los derechos reservados.