viernes, 21 de noviembre de 2008
 
Mi angelito

(Continuación...) Deuda Pendiente
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Por Javier Varela (Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio )

   6. El atuendo deportivo debía ser de lo más informal: Una bata guateada, un pie calzado, el otro descalzo y el brazo derecho arremangado, dejando libre la mano para portar la zapatilla, componían una presencia altamente competitiva e intimidatoria.

   7.  Complementaba casi siempre sus movimientos sobre el terreno de juego con rotundas alusiones a abandonar la práctica de este deporte (”¡Que sea la última vez que...!”) pero le volvía a picar el gusanillo y en sucesivas ocasiones retomaba la actividad con más ansia y dedicación.

   8.  No, no se puede afirmar tan terminantemente que mi madre jugase de una manera individualista y dispusiese en todo momento de la zapatilla. De vez cuando, entre carrera y carrera, me dejaba comprobar su textura y resistencia.


   9.  Los partidos tenían una duración muy corta y peculiar: Comenzaban con una llamada de atención por parte de mi madre:”¿Seguro que no me tienes que contar nada?”y acababan con un fuerte quejido y la imposibilidad por mi parte de no satisfacer su curiosidad.

   10.  Antes de que el partido comenzase, el habitual intercambio de banderines era reemplazado por la expresión de una firme convicción materna que de este modo intentaba amortiguar la tunda que me aguardaba:
 


-  Quiero que sepas que esta es una forma de castigo en la que verdaderamente no creo.

 

 

-  Detesto verte actuar en contra de tus principios, mamá.

 

  -  Puedo hacer una excepción.

    Huelga decir que mis jornadas vespertinas de rugby tocaron a su fin, y la zapatilla de mi madre se tomó un merecido descanso. No lo sentí mucho, la verdad. A los pocos días de mi retirada forzosa de los campos de juego, -primer caso en la historia de este deporte en el que un prometedor jugador se ve obligado a retirarse ante el temor de ver desaparecer la sensibilidad en su trasero-, me enteré de que uno de los que solían jugar conmigo se había producido una gran brecha en la cabeza y a otro le habían dado seis puntos en la barbilla. He llegado a la conclusión de que la zapatilla de mi madre ha tenido un efecto más beneficioso para mi salud que cualquier medicamento que me han recetado.

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