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| (Continuación...) Deuda
Pendiente |
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Por Javier Varela
(Lcdo. en Filología y Profesor del Colegio
) |
6.
El atuendo deportivo debía ser de lo más
informal: Una bata guateada, un pie calzado, el otro
descalzo y el brazo derecho arremangado, dejando libre
la mano para portar la zapatilla, componían
una presencia altamente competitiva e intimidatoria.
7. Complementaba casi siempre
sus movimientos sobre el terreno de juego con rotundas
alusiones a abandonar la práctica de este deporte
(”¡Que sea la última vez que...!”)
pero le volvía a picar el gusanillo y en sucesivas
ocasiones retomaba la actividad con más ansia
y dedicación.
8. No, no se puede afirmar
tan terminantemente que mi madre jugase de una manera
individualista y dispusiese en todo momento de la
zapatilla. De vez cuando, entre carrera y carrera,
me dejaba comprobar su textura y resistencia.
9. Los partidos tenían
una duración muy corta y peculiar: Comenzaban
con una llamada de atención por parte de mi
madre:”¿Seguro que no me tienes que contar
nada?”y acababan con un fuerte quejido y la
imposibilidad por mi parte de no satisfacer su curiosidad.
10. Antes de que el partido
comenzase, el habitual intercambio de banderines era
reemplazado por la expresión de una firme convicción
materna que de este modo intentaba amortiguar la tunda
que me aguardaba:
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- Quiero que sepas que esta es una forma
de castigo en la que verdaderamente no creo.
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-
Detesto verte actuar en contra de tus
principios, mamá.
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-
Puedo hacer una excepción. |
Huelga decir que mis jornadas
vespertinas de rugby tocaron a su fin, y la zapatilla
de mi madre se tomó un merecido descanso. No
lo sentí mucho, la verdad. A los pocos días
de mi retirada forzosa de los campos de juego, -primer
caso en la historia de este deporte en el que un prometedor
jugador se ve obligado a retirarse ante el temor de
ver desaparecer la sensibilidad en su trasero-, me
enteré de que uno de los que solían
jugar conmigo se había producido una gran brecha
en la cabeza y a otro le habían dado seis puntos
en la barbilla. He llegado a la conclusión
de que la zapatilla de mi madre ha tenido un efecto
más beneficioso para mi salud que cualquier
medicamento que me han recetado. |
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