Ante
estas situaciones, mi padre casi siempre reaccionaba
con un indiferente estoicismo:
Un día en que él
estaba leyendo en el salón, mi hermano y
yo llegamos al convencimiento de que podríamos
jugar al fútbol sin romper nada. Cuando lancé
un balón que cambió por completo el
diseño de una jarrita de cristal, mi madre
entró blandiendo el bastón del abuelo
y me gritó:
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-¡Dios
me perdone, porque voy a partirte en dos! |
Sin levantar la cabeza de su libro,
mi padre le preguntó:
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-¿Es
que no tienes suficiente con uno? |
De todas formas, para ser completamente
fieles a la verdad, estas eran ocasiones contadas
y el lugar habitual de la zapatilla de mi madre
era su pie derecho. No sé si aquellos castigos
(recuerdo uno que me impidió asistir al cine
durante dos años) me enseñaron alguna
lección. De lo que sí estoy seguro
es de que cuando paso una revista mental rápida
a todos esos años me quedo con la sensación
de desear ansiosamente devolver con altos intereses
de cuidado y atención los créditos
sin interés que ella me concedió:
El crédito de dejarme ocultar dentro de un
armario o debajo de una cama al jugar juntos al
escondite, latiéndome fuerte el corazón
y conteniendo el aliento. El crédito de iluminar
mis noches de
pesadillas con su presencia inmediata ante mi apremiante
llamada. El crédito de oírle con insistencia
y preocupación su advertencia de “¡sentido,
eh!” al salir de noche o cuando me escapaba
de excursión durante unos días con
los amigos. El crédito de recordarme que
cuando saliera a la calle por la mañana temprano
me tapase bien la garganta con la bufanda. Y el
crédito de tenerla, estando en la cama enfermo,
a mi lado, con su mano izquierda posada sobre mi
frente y su mano derecha sosteniendo en alto el
termómetro que tan atentamente observaba,
oírle susurrar palabras de consuelo y llenas
de calor y sincronizar mi respiración con
la suya hasta quedarme dormido.
Sólo le pido a Dios que
le conceda a la propietaria de estos créditos
un plazo suficiente de tiempo para que yo pueda
devolvérselos. Pongamos... indefinido.