¡Ahí
viene! Aparece de repente silbando por la curva
de entrada a la estación. A mamá -que
ya está a mi lado y sujeta a Sabela, que
palmotea inquieta-, le tiembla un poco el cuerpo.
Entra el tren majestuoso, envuelto en denso humo,
lanzando resoplidos de gigante. El ruido de los
frenos que chirrían ahoga los gritos de la
niña, que aún se sigue asustando un
poco con el tren.
Por fin, se para. Entonces, baja
padre sonriente, con su uniforme y gorra, nos abarca
a los tres con sus brazos enormes, aúpa a
Sabela, la columpia, la estruja, luego coge a mamá
y, a veces, también la alza un poco en el
aire, después me mira a mí, juega
a pegarme y me enzarzo con él en un combate
simulado que acaba siempre en risas, vuelve a estrujar
a Sabela, besa a mamá en los labios...
Durante los encuentros con papá
había un momento preciso en el que los abrazos
alegres de bienvenida se mezclaban, confundiéndose,
con los del adiós. O, quizá, desde
el principio, todo formaba parte de una misma ceremonia
de despedida.
-Los estudios,
¿van bien?
-Pues...
-Le da por dibujar,
pero lo demás bien -tranquiliza mamá-
no te preocupes.
-Me tienes que
enseñar esos dibujos... ¡Ah! os he
traído una cosa - y sacaba un paquete del
bolsillo.
El tiempo entonces, pasaba vertiginosamente,
como si una confabulación universal de los
relojes decidiera que el mundo caminara por lo menos
a cuarenta minutos por segundo.
-Lo siento,
Miguel, tengo que dar la salida, vais con bastante
retraso - decía D. Amadeo en tono de disculpa.
-Gracias, Amadeo,
ya acabamos - contestaba papá, y volvía
a abrazarnos, a la vez que él y madre intercambiaban
apresuradamente las últimas frases, los besos
últimos.
-¡Pero
cuántas cosas ricas me habéis metido
aquí! -decía padre subiendo ya a la
máquina y volviéndose hacia nosotros,
con el cesto en alto.
-¡Pan!
- gritaba Sabela- ¡Paan!
Quedábamos un rato en el andén, los
corazones agitados como pañuelos del adiós,
mientras el tren iba pasando largo, pesado, lento
- vagón tras vagón - se alejaba después
hasta volverse un punto y desaparecía por
fin, en lo lejano.